Entre las sastrerías y los más importantes sastres de Sevilla, tanto al estilo clásico, si con visión y medios y modos y hechuras tanto clásicas -el clasicismo en la esencia y la solera perdurable con el paso del tiempo tras el vendaval de los “ismos“-, como contemporáneas, está en Los Remedios, al entrar por la calle Asunción el Salón Taller de “Sastrería Ibáñez“.

La receta hoy, junto a su joven familia, sonrisa y elegancia, la serena madurez, -cuarenta y pocos años-, de D. Manuel Ibáñez Noriega, “Manolo Ibáñez” para los suyos y para el público sevillano y andaluz.

Nacido en el año de 1962, en el emblemático y peculiarísimo Barrio de Triana, profeta en su barrio -que es una forma de empezar a ser universal- querido y admirado y siendo de las últimas promociones nacidas en la casa 108 de la calle San Jacinto, y en cuya Iglesia -uno de los cuatro pilaritos de Triana- recibiera las aguas bautismales.

Don Manuel Ibáñez, su padre, eras sastre y su madre, Mª Manuela, oficiala de sastrería, con taller abierto en la calle Alfarería y siendo hijo único varón, entre sus dos hermanas, Ana y Dolores, estudia y se forma en el Colegio de Santa Cecilia y en los Padres Blancos de Los Remedios, incorporándose desde muy pequeño al negocio de sus padres, si bien ocupándose de tareas, recados y trabajos menores.

Ya con dieciséis años comienza a integrarse seriamente en el oficio familiar, al trasladarse sus padres a la calle Jimios y más tarde al privilegiado y ensolerado sitio actual de la calle Asunción.

Con dieciocho años (1980) se incorpora “a filas” sirviendo en la Unidad del Grupo de Control Aéreo del Aeródromo de Tablada, en cuyo período, le queda el sentido riguroso del orden y la disciplina.

Una vez terminado este periplo militar, conoce a la mujer que va a ser compañera de su vida y madre de sus hijos, Montserrat, hija de un empresario catalán del gremio del mármol, D. Ramón Roch y de sus esposa Dª Luisa Cucharrero, de familia numerosa de trece hermanos, contrayendo matrimonio en julio de 1987 en Sevilla, en la Iglesia de San Antonio Abad (sede del hermoso paso del “Silencio“, el primero de la Madrugá Grande, naciéndole dos hijas, Mª Esperanza y Marta.

Don Manuel decide con la escuela y norma y arte de vestir a Sevilla y hace los cursos de diplomatura en Barcelona, regresando con su título oficial de “Maestro Sastre” y comienza, a fondo, su labor profesional. Persona de sólida formación cristiana, desde muy joven ha pertenecido al mundo cofrade hispalense, desempeñando cargos directivos en distintas Hermandades, pero el cargo que más ha disfrutado y disfruta es el de Hermano Mayor de la popularmente conocida como “Hermandad de los Sastres” de Sevilla, la nueva de San Ildefonso, en la que ha encontrado, como él dice “el tesoro del hermanamiento de todo un gremio histórico sevillano, proponiendo y consiguiendo tener como titular a Nuestra Señora de los Reyes, hermandad de gloria que ha procesionado, por primera vez, la pre-semana Mayor del pasado 2003“. Esta Hermandad es la primera que se funda en Sevilla por el Rey San fernando (1250), posteriormente ya en tiempos de su hijo, Sancho IV el Bravo se estableció el gremio de “alfayates” o sastres y se constituyó formalmente la Hermandad.

En su trayectoria profesional, Manolo Ibáñes, ha vestido, “de diario” y “de etiqueta” a numerosas personas, personajes -Casa Real, Alcaldes, Presidentes de la Junta, alta nobleza de la ciudad- y personajillos, como pueda ser el simpático “Chaqué de Triana“, conocido limpiabotas de la Sevilla antigua, pasando por empresarios, toreros, escritores, periodistas, etc…

Con motivo de ir a confeccionarle el Chaqué para el Pregón Mayor de la Semana Santa sevillana de 2001, el popular Carlos Herrera le informó de que venía de la toma de posesión del Presidente de los Estados Unidos George W. Bush y quería un “uniforme” como uno que viera en la Casa Blanca y que le describió con todo detalle modernista. “No me atrevo, -le contestó nuestro Sastre- a repetir su descripción forma, color, efectos especiales“. Sólo os diré lo que le dije a él: “si te visto así nos van a corre a los dos, desde el Teatro de la Maestranza“.

Por el contrario, otros dos de los encargos más originales que le han hecho, y que no oculta le han dado nombre y prestigio, han sido de una parte su colaboración con sus amigos Rafael y Enrique, de la firma “Talleres de Bordados de Brenes“, como sastre, para vestir imágenes religiosas, tanto en Sevilla como en toda España, “una experiencia para mí única e inigualable“. Y de otra parte, la que ya siendo tradicional, la de vestir de festa grande al Pregonero anual de la Semana Santa de Sevilla, lo que viene haciendo, desde la década de los noventa, al igual que el famoso “sastre del Campillo” que ponía la tela y el ovillo, este famoso Sastre de Sevilla pone y regala, tela, forma, chaqué completo con chaleco y corbata.

Esta acción, esta creación en negro y gris, forma parte de la encantadora tradición sevillana de obsequio previo a su “Pregonero, a su Cantor, a su Exaltador“, de los zapatos, de la camisa, de los guantes, de primeros establecimientos comerciales de la ciudad especializados, con la popular Tertulia “El Cirio pagao” le entrega en una cena de honor las tapas -en nazareno y plata- del Pregón o distintas Hermandades le entregan reliquias -talismanes para que los apriete contra su pecho en la solemne mañana del Teatro Maestranza.

Aparte de esta ilusión, colaboración extraordinaria, en le mundo de la Semana Santa de Sevilla -“el mayor acontecimiento religioso cultural del mundo cristiano“- tiene arraigada otrasv aficiones que adornan su personalidad de ombre inquieto y de buen gusto natos, y en su amor a los caballos y a los enganches, que él auto justifica por haber tenido un abuelo cochero de caballos en la Sevilla de primeros del siglo XX, afición esta que le ha proporcionado más de un Triunfo y Trofeos diversos en Concursos Oficiales de Enganches.

Y añadir, que entre sus deportes favoritos, practica el submarinismo, participando en campeonatos del género y obteniendo altas calificaciones, afición que debe a su profundo sentido religioso, al descubrir en los fondos submarinos esa grandeza de Dios, esa incomparable hermosura incluso superior a la contemplación marina de superficie.

Y para terminar la carta que nos envía con la autorización para trazar este esbozo amigo de su “vida y su obra compleja y rica” una obra que “verdaderamente tiene tela marinera y de la otra” nos dice: “yo, soy una persona que me apoyo much en Él, en aque de quien se dijo en los Evangelios, que llegó a los suyos y los suyos no le conocieron, lo que hoy dia ocurre igual con nuestra hipocresía y falta de caridad, ya que no le reconocemos en tantas personas que sufren, padecen y nos necesitan“.


Del libro “Líderes Andaluces del Siglo XX” de Antonio Murciano